Recitemos una oda por todos aquellos que habéis conseguido apagar la cerilla con una mascarilla que cumple con la UNE 0065… ¡Que la dicha os inunde! ¡Afortunados, oh, vosotros que podéis respirar!

Pero tras esta entrada sarcástica se esconde algo de física fundamental que no debemos olvidar: Los estados de la materia: Sólido, líquido, gaseoso y plasma.

Los dos requisitos  a los que nos remite la norma para mascarillas higiénicas son la Eficacia de Filtración Bacteriana (BFE, expresada en %) y respirabilidad (expresada como presión diferencial en Pa/cm2). Ambos requisitos se ensayan de acuerdo a la norma UNE-EN 14683:2019+AC:2019, y se definen según esta como:

BFE: Eficacia de filtración bacteriana, eficacia del (de los) material(es) de la mascarilla higiénica como una barrera frente a la penetración bacteriana.

Presión diferencial: Permeabilidad al aire de la mascarilla, medida por determinación de la diferencia de presión a través de la mascarilla en condiciones especificadas del flujo, temperatura y humedad del aire.

 

Además, cabría especificar que la respirabilidad de la mascarilla, expresada como presión diferencial, debe interpretarse en valores decrecientes, como si se tratara de una resistencia a la respiración, siendo mejor la respirabilidad cuanto más bajos sean los valores de presión diferencial (por tanto, de resistencia al flujo del aire).


HOY POR FIN ENTENDERÁS LAS TALLAS DE LAS MASCARILLAS SEGÚN LA NORMA UNE0065


Hasta aquí una introducción de estos dos parámetros fundamentales. Profundizando en ello, y por la situación actual debida a la COVID-19 surgen dos dudas:

¿Por qué medir BFE en lugar de eficacia de filtración de virus?, y ¿es equivalente a las medidas de filtración de las mascarillas FFP2? La respuesta no es sencilla.

Un virus puede fácilmente mutar. Todos conocemos como año a año las cepas de la gripe común evolucionan y cambian, y en esa mutación el virus podría desarrollar mecanismos de defensa y/o cambios fisiológicos o morfológicos.

Por ello, es muy complicado medir la eficacia de filtración o de eliminación/inhibición de virus.

Existen ensayos, como los contemplados en la norma ISO 18184, de evaluación de la actividad vírica en textiles. No obstante se testan en varios virus pero no garantizan que funcionen en el resto de virus: habría que testearlos uno a uno.

Además, las condiciones de ensayo requieren 2 horas de exposición continuada de la superficie frente al virus. Si el virus consigue penetrar en la mascarilla en menos de esas 2 horas, el resultado de este test no garantiza la seguridad del individuo.

La BFE es mucho más directa, dado que los tamaños de las bacterias y su fisionomía y características químicas como célula se mantienen más estables. Los propios resultados de los análisis de BFE resultan comparables para distintos tipos de bacterias.

 

El análisis para valorar la BFE está ampliamente extendido y es de aceptación común en el ámbito sanitario.

Se realiza en entorno húmedo, y se basa en un cribado por tamaños de partícula y análisis de concentración bacteriana en los distintos filtros del tamiz, hasta un tamaño de partícula de 0,65 micras y con un tamaño medio de 3 micras.

En este momento podemos responder a la segunda pregunta sobre si es equivalente a las medidas de filtración de las mascarillas FFP2: ambos ensayos trabajan en el mismo rango de tamaños de partícula (para las mascarillas FFP2 el tamaño medio del aerosol son 2,2 micras), a pesar de que la medición en cada uno de ellos varía.


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